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Los
geólogos, por su parte, se dedican el estudio de la forma de
la Tierra, de las rocas, del suelo, de los minerales, etcétera; pero
también pueden explicar detalles muy importantes sobre el pasado
humano, como los cambios climáticos, la antigüedad de ciertos
niveles de roca y, por consiguiente, la edad de los objetos incrustados
en ellos.
Durante
muchos años, el único método fiable para ubicar
históricamente los restos del pasado consistió en observar
detalladamente dónde y cómo se habían descubierto
dichos restos. En la mayoría de los casos se fechaba partiendo
de la suposición de que los objetos encontrados en la Tierra
podían ordenarse en secuencias según los niveles en los
que se hallaban. Los situados en los niveles superiores debían
ser posteriores a los de los niveles inferiores. Algunas veces, cuando
se encontraba un objeto que podía fecharse con seguridad (una
moneda, por ejemplo), también podían establecerse fechas
absolutas aproximadas en la serie de secuencias así extraídas.
Éste
constituyó durante mucho tiempo el método más importante
para estudiar el pasado remoto, pero era un mérodo muy complicado
porque había que contrastar miles y miles de hallazgos para ordenar
las pruebas de tal modo que cada una de ellas encajara. Sin embargo,
en los últimos años la situación ha empezado a
cambiar gracias a nuevos métodos de análisis . Uno muy
importante es el de la datación por medio de la radioactividad.
La forma más extendida se llama datación por el radiocarbono.
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a
prehistoria empezó en África. En comparación con
otras partes del mundo, la prehistoria terminó relativamente temprano
en algunas regiones de África (como Egipto, donde la escritura
jeroglífica apareció alrededor del 3000 a. de N. E.) pero
en otras zonas aún prevalecen sociedades que viven en un estado
prehistórico (sin escritura y con tradición oral).
La aparición del ser humano prehistórico en Asia y en Europa
tuvo lugar hace unos 2.5 millones de años y 700 mil años
en el hemisferio sur, mientras que en las regiones del norte, que eran
más frías e inhóspitas, tardaron en poblarse. En
estos continentes, la aparición de la escritura, que marca el fin
de la prehistoria, varió: tan temprano como 3300 a. de N.E. en
Mesopotamia y en el Valle del Indo; en China y en el Egeo la escritura
apareció en el segundo milenio a. de N. E.; en Italia alrededor
del año 800 a. de N. E.; y después del año 1000 d.
de N. E. en las regiones del norte de Europa.
Se
cree que los primeros hombres llegaron a América hace 60 mil años.
En este continente, el final de la prehistoria se ha relacionado con las
exploraciones europeas (en Norteamérica por los vikingos alrededor
del año 1000 de N. E. y en México y sudamérica a
partir del siglo XV) o bien a partir de la emergencia de culturas complejas
en el área de Mesoamérica, hacia el año 1000 a. de
N. E.
En Australia se encontraron restos de seres humanos de hace 50 mil años.
Parece que la Polinesia comenzó a poblarse en los primeros siglos
de Nuestra Era y Nueva Zelanda hasta el año 800 d. de N. E. Las
exploraciones europeas de los siglos XVII y XVIII pusieron fin a la prehistoria
en esta zona del planeta.
Lo
anterior muestra la diferencia cronológica de la prehistoria
de un continente a otro o incluso en el mismo continente. Las civilizaciones
florecieron en distintos medios naturales, que condicionaron su forma
de vida y su expansión cultural. Esto nos explica la complejidad
del término prehistoria. Para evitar confusiones, tal vez sería
mejor hablar de varias prehistorias.
A
pesar de las limitaciones, es posible establecer en un esquema general
las etapas básicas del desarrollo de las sociedades prehistóricas:
Para los cazadores-recolectores, la talla de utensilios arcáicos
vino primero, después el dominio del fuego, luego la aparición
de las primeras esculturas, y finalmente apareció la expresión
artística hace 30 mil años.
Después, durante la revolución Neolítica, la humanidad
logró la producción de alimentos con la domesticación
de plantas y animales. Luego vino la especialización de los individuos,
la emergencia de unidades sociales, el ascenso al poder de una clase
política en comunidades organizadas y finalmente la creación
de un esquema urbano y la invención de la escritura. Este proceso
comenzó en Sumeria en el año 4000 a. de N. E.; en el Valle
del Indo en el año 3 000; en China y el Egeo en el año
2 000 y en México en el primer m ile nio a. de N. E.
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Los
geólogos, por su parte, se dedican el estudio de la forma de
la Tierra, de las rocas, del suelo, de los minerales, etcétera; pero
también pueden explicar detalles muy importantes sobre el pasado
humano, como los cambios climáticos, la antigüedad de ciertos
niveles de roca y, por consiguiente, la edad de los objetos incrustados
en ellos.
Durante
muchos años, el único método fiable para ubicar
históricamente los restos del pasado consistió en observar
detalladamente dónde y cómo se habían descubierto
dichos restos. En la mayoría de los casos se fechaba partiendo
de la suposición de que los objetos encontrados en la Tierra
podían ordenarse en secuencias según los niveles en los
que se hallaban. Los situados en los niveles superiores debían
ser posteriores a los de los niveles inferiores. Algunas veces, cuando
se encontraba un objeto que podía fecharse con seguridad (una
moneda, por ejemplo), también podían establecerse fechas
absolutas aproximadas en la serie de secuencias así extraídas.
Éste
constituyó durante mucho tiempo el método más importante
para estudiar el pasado remoto, pero era un mérodo muy complicado
porque había que contrastar miles y miles de hallazgos para ordenar
las pruebas de tal modo que cada una de ellas encajara. Sin embargo,
en los últimos años la situación ha empezado a
cambiar gracias a nuevos métodos de análisis . Uno muy
importante es el de la datación por medio de la radioactividad.
La forma más extendida se llama datación por el radiocarbono.
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Los
geólogos, por su parte, se dedican el estudio de la forma de
la Tierra, de las rocas, del suelo, de los minerales, etcétera; pero
también pueden explicar detalles muy importantes sobre el pasado
humano, como los cambios climáticos, la antigüedad de ciertos
niveles de roca y, por consiguiente, la edad de los objetos incrustados
en ellos.
Durante
muchos años, el único método fiable para ubicar
históricamente los restos del pasado consistió en observar
detalladamente dónde y cómo se habían descubierto
dichos restos. En la mayoría de los casos se fechaba partiendo
de la suposición de que los objetos encontrados en la Tierra
podían ordenarse en secuencias según los niveles en los
que se hallaban. Los situados en los niveles superiores debían
ser posteriores a los de los niveles inferiores. Algunas veces, cuando
se encontraba un objeto que podía fecharse con seguridad (una
moneda, por ejemplo), también podían establecerse fechas
absolutas aproximadas en la serie de secuencias así extraídas.
Éste
constituyó durante mucho tiempo el método más importante
para estudiar el pasado remoto, pero era un mérodo muy complicado
porque había que contrastar miles y miles de hallazgos para ordenar
las pruebas de tal modo que cada una de ellas encajara. Sin embargo,
en los últimos años la situación ha empezado a
cambiar gracias a nuevos métodos de análisis . Uno muy
importante es el de la datación por medio de la radioactividad.
La forma más extendida se llama datación por el radiocarbono.
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